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Er ist wieder da still (ha vuelto)


Europa sufre de algo así como una somática esclerosis múltiple y camina tozudo dando tumbos, golpeándose contra todo arquetipo del sueño que un día fue Roma. Sacro imperio… blasfemado y hundido por sus bastardos urbanitas. ¡Y germánico, puestos a ultrajar!

Y es en las mismas lindes donde los de ascendencia vikinga hoy pastan entre porcentajes y percentiles, un lugar de nacimiento de un Danubio serpenteante y espectador de las peores barbaries. ¿Cómo un cauce hijo de la Selva Negra puede deslizarse como un halo anti-alemán?

Inescrutables, como las contiendas que sostienen una real identidad de diversos pueblos que no tuvieron más en común que lo que un autoritarismo marca Habsburgo impuso, por penúltimo Reich.

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Alemanes, con agonizantes insuflaciones irregulares, con periodo menstrual, con varices que les eximen de algunas responsabilidades, como si de enajenación mental se tratara. Germánicos, tan temidos como temerosos, escandalizados por lo que acaece pasadas sierras y montes de pinos y carne de Frankfurt. Alemanes, donde el vino que más cotiza procede de la pocera de barriles de un rancho en Utah. Absortos en sí mismos, atemorizados por los otomanos, desde siempre. Ya lo he dicho.

¿De dónde provienen férreos miedos a los turcos? ¿Tan malvado fue el pueblo del jan de janes, sultán de sultanes, apellidado por la casa osmanlí?  Tan antiguas son estas fobias como la primera piedra de Europa. Una cultura europea, complicada y enrevesada, causa de estragos más allá de los mares. Un pueblo tan ininteligible como el curso de las letras danubianas de Claudio Magris. Destino aplazado, sine díe, de otro episodio gore de una tara ancestral.er ist wiener da still

¿Y dónde está el origen de esta problemática? Los más curiosos se preguntan si nace de Donaueschingen o en Furtwagen, silueteando una realidad marcada por una pequeña inscripción en una placa en la fuente del Breg, brazo principal del Danubio, en algún lugar de las germanías orientales.

Teorías al Este, teorías al ocaso, lo cierto es que arriba, sobre la colina que brilla y se erige sobre tan banales discusiones, existe una pequeña cabaña de piedra, antigua. En ella, vive con cabello lacio y desgastado, la voz de la sabiduría. De linaje propietario desde antes de los primeros registros, detenta una tubería de acero antiguo y oxidado, que penetra metros, hacia donde ya nadie recuerda. Del extremo, desde lo obscuro, emana con presión efervescente el agua de un manantial, desde el núcleo de Mitteleuropa. Arios, arios… de profundos traumas.

Un chorro de una cañería, chillona al atardecer, se regula con un grifo de última tecnología. Se puede cerrar o abrir, y abierto, vivo el S.XXI, empuja cuesta abajo a las aguas, encharcando los campos por donde corre y dotando al rio de los cisnes de unas leguas más. Unas leguas más para la orilla de los pueblos de Europa, de Oeste, a Este. Sembrando odio.

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Y se difumina inhóspito terror por los pasos extraños y revuelven sus tumbas. ¡Y gritan! Tanta  libre circulación de ciudadanos para ahora etiquetar humanos por mercancías… ¡Requiem por un acuerdo! ¡Que descansen en paz los tratados! En su última menstruación Alemania violó (primero) a Polonia. ¿Quién sucumbirá hoy? Sin inmigrantes, sin precedentes, con la deshumanzación de fondo, parece que “el que no debe ser nombrado” ha vuelto para desmoronar, de nuevo, a Europa.

Todos de bruces, con el huerto sembrado, sólo es cuestión de tiempo, cuestión de que Samuel Colt en la víspera del primer cumpleaños de la Asociación Nacional del Rifle haga el agosto para que, estas navidades, todos tengamos una buena idea blanca y, xenófobos todos, nos unamos a una causa, a una lucha. Ole, ole y ole.

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